26 poemas de amor cortos para enamorar

La composición de poemas de amor no suele ser fácil para cualquier persona. Por eso, en este artículo compartimos 35 poemas cortos muy reconocidos para expresarte.

25 poemas de amor cortos para enamorar. Una mujer y un hombre tomados de la mano. Foto blanco y negro.
Imagen. Pixabay

El amor nos une, es un lenguaje universal y está en cada uno de nosotros. Quizá es diferente la manera de expresarlo por cada uno, pero en definitiva, el amor lo mueve todo.

A veces es tan grande ese sentimiento que el aliento se nos escapa. Incluso, pareciera que esa persona que se cruza en nuestra mente nos arrebatara esa parte creativa por su paso. Por fortuna, el poeta está para rescatarnos, él pone su palabra como un puente hacia aquella persona que amamos.

Poemas de amor para enamorar

1. A veces. Autor: Nicolás Guillén

Este autor nos recuerda que el amor es simple, directo, sincero. Sin pena, su fuerza nos permite ser cursis e infantiles, con el fin de hacer brotar el amor en el ser amado.


A veces tengo ganas de ser cursi
para decir: La amo a usted con locura.
A veces tengo ganas de ser tonto
para gritar: ¡La quiero tanto!

A veces tengo ganas de ser niño
para llorar acurrucado en su seno.

A veces tengo ganas de estar muerto
para sentir,
bajo la tierra húmeda de mis jugos,
que me crece una flor
rompiéndome el pecho,
una flor, y decir:
Esta flor, para usted.


2. Contigo. Autor: Luis Gernuda

Para un enamorado, el ser amado es el absoluto, es la tierra y la vida, es su lugar de pertenencia. Su ausencia, parece ser la muerte.


¿Mi tierra?
Mi tierra eres tú.

¿Mi gente?
Mi gente eres tú.

El destierro y la muerte
para mi están adonde
no estés tú.

¿Y mi vida?
Dime, mi vida,
¿qué es, si no eres tú?


3. Yo no quiero morirme sin saber de tu boca. Autora: Elsa López

La persona enamorada anhela un encuentro verdadero que le da sentido a su vida. Un amor completamente realizado le quita peso a la muerte.


Yo no quiero morirme sin saber de tu boca.
Yo no quiero morirme con el alma perpleja
sabiéndote distinto, perdido en otras playas.

Yo no quiero morirme con este desconsuelo
por el arco infinito de esa cúpula triste
donde habitan tus sueños al sol de mediodía.

Yo no quiero morirme sin haberte entregado
las doradas esferas de mi cuerpo,
la piel que me recubre, el temblor que me invade.

Yo no quiero morirme sin que me hayas amado.


4. Canción del demasiado amor. Autor: Vinicius de Morais

Algunas veces, quién se enamora pierde. Pero el amor deja su huella como un recuerdo doloroso incrustado en la mente.


Quiero llorar porque te amé demasiado,
quiero morir porque me diste la vida,
ay, amor mío, ¿será que nunca he de tener paz?
Será que todo lo que hay en mí
sólo quiere decir saudade...
Y ya ni sé lo que va a ser de mí,
todo me dice que amar será mi fin...
Qué desespero trae el amor,
yo que no sabía lo que era el amor,
ahora lo sé porque no soy feliz.


5. Amor eterno. Autor: Adolfo Bécquer

Para un amante su vida es transitoria. Sin embargo, adivina en el amor una brasa inagotable que ilumina la eternidad. ¿El amor es la misma eternidad?


Podrá nublarse el sol eternamente;
Podrá secarse en un instante el mar;
Podrá romperse el eje de la Tierra
Como un débil cristal.

¡Todo sucederá! Podrá la muerte
Cubrirme con su fúnebre crespón;
Pero jamás en mí podrá apagarse
La llama de tu amor.


6. Cuando llegues a amar. Autor: Rubén Darío

Este poeta define el amor como fuente de vida y de dolor. Por tanto, advierte a quién lo lea que ese será su destino, pero que también, no existirá otra manera de vivir si no es amando.


Cuando llegues a amar, si no has amado,
sabrás que en este mundo
es el dolor más grande y más profundo
ser a un tiempo feliz y desgraciado.

Corolario: el amor es un abismo
de luz y sombra, poesía y prosa,
y en donde se hace la más cara cosa
que es reír y llorar a un tiempo mismo.

Lo peor, lo más terrible,
es que vivir sin él es imposible.


7. Amor. Autor: Pablo Neruda

Para quién se enamora, el amor es una hipérbole, es pura exageración, es una fuerza interior que no tiene sentido común. Amar desborda.


Mujer, yo hubiera sido tu hijo, por beberte
la leche de los senos como de un manantial,
por mirarte y sentirte a mi lado y tenerte
en la risa de oro y la voz de cristal.
Por sentirte en mis venas como Dios en los ríos
y adorarte en los tristes huesos de polvo y cal,
porque tu ser pasara sin pena al lado mío
y saliera en la estrofa -limpio de todo mal-.
Cómo sabría amarte, mujer, cómo sabría
amarte, amarte como nadie supo jamás!
Morir y todavía
amarte más.
Y todavía
amarte más
y más.


8. En ti pensaba. Autor: José Martí

El pensamiento es un lugar donde se repasan los sentimientos del alma y así nos lo hace ver José Martí con su poema.


En ti pensaba, en tus cabellos
que el mundo de la sombra envidiaría,
y puse un punto de mi vida en ellos
y quise yo soñar que tú eras mía.

Ando yo por la tierra con los ojos
alzados -¡oh, mi afán!- a tanta altura
que en ira altiva o míseros sonrojos
encendiólos la humana criatura.

Vivir: -Saber morir; así me aqueja
este infausto buscar, este bien fiero,
y todo el Ser en mi alma se refleja,
y buscando sin fe, de fe me muero.


9. Cúbreme, amor. Autor: Rafael Alberti

Para Rafael Alberti el amor está lleno de imágenes sensoriales y sensuales que surgen del encuentro íntimo y cercano entre los amantes.


Cúbreme, amor, el cielo de la boca
con esa arrebatada espuma extrema,
que es jazmín del que sabe y del que quema,
brotado en punta de coral de roca.

Alóquemelo, amor, su sal, aloca
Tu lancinante aguda flor suprema,
Doblando su furor en la diadema
del mordiente clavel que la desboca.

¡Oh ceñido fluir, amor, oh bello
borbotar temperado de la nieve
por tan estrecha gruta en carne viva,

para mirar cómo tu fino cuello
se te resbala, amor, y se te llueve
de jazmines y estrellas de saliva!


10. El amor. Autor: Francisco Hernández

Según este poeta, el amor camina por una selva peligrosa y a pesar de sus luchas por vencer sobre las trampas y las heridas que se abren. El amor siempre vence.


El amor, rodeado casi siempre por un antojo
de olvido, avanza resuelto hacia las trampas
creadas para cazar osos con piel de leopardo
y serpientes con plumaje de cóndor.
Y el amor sobrevive a las heridas y ruge,
voladora, la envidia de los venenosos.


11. Te desnudas. Autor: Jaime Sabines

Para este poeta la intimidad amorosa tiene un aire fresco y juguetón. Ser cómplices, ajenos al cansancio mutuo, se vuelve juego renovado de pigmentos alegres que dan sentido al encuentro de los amantes.


Te desnudas igual que si estuvieras sola
y de pronto descubres que estás conmigo.
¡Cómo te quiero entonces
entre las sábanas y el frío!

Te pones a flirtearme como a un desconocido
y yo te hago la corte ceremonioso y tibio.
Pienso que soy tu esposo
y que me engañas conmigo.

¡Y como nos queremos entonces en la risa
de hallarnos solos en el amor prohibido!
(Después, cuando pasó, te tengo miedo
y siento un escalofrío.)


12. Pies hermosos. Autor: Mario Benedetti

Los pequeños fetiches también son amor y erotismo, a través de este, se crea un puente para el encuentro entre los amantes. Así parece expresarlo el poeta Mario Benedetti.


La mujer que tiene los pies hermosos
nunca podrá ser fea
mansa suele subirle la belleza
por totillos pantorrillas y muslos
demorarse en el pubis
que siempre ha estado más allá de todo canon
rodear el ombligo como a uno de esos timbres
que si se les presiona tocan para elisa
reivindicar los lúbricos pezones a la espera
entreabir los labios sin pronunciar saliva
y dejarse querer por los ojos espejo
la mujer que tiene los pies hermosos
sabe vagabundear por la tristeza.


13. Enséñame. Autor: Rafael Cadenas

Para este poeta el amor es una promesa de vida, es como una chispa que enciende el fuego de vida del ser.


Enséñame,
rehazme
a fondo,
avívame
como quien enciende un fuego.


14. Vos tenéis mi corazón. Autor: Luis de Camoens


Mi corazón me han robado;
y Amor, viendo mis enojos,
me dijo: Fuéte llevado
por los más hermosos ojos
que desque vivo he mirado.

Gracias sobrenaturales
te lo tienen en prisión.
Y si Amor tiene razón,
Señora, por las señales,
vos tenéis mi corazón.


15. Te quiero. Autora: Julia de Burgos

Esta poeta expone cómo se expande y expresa su amor.


Te quiero...
y me mueves el tiempo de mi vida sin horas.

Te quiero
en los arroyos pálidos que viajan en la noche,
y no termina nunca de conducir estrellas a la mar.

Te quiero
en aquella mañana desprendida del vuelo de los siglos
que huyó su nave blanca hasta el agua sin ondas
donde nadaban tristes, tu voz y mi canción.

Te quiero
en el dolor sin llanto que tanta noche ha recogido el sueño
en le cielo invertido en mis pupilas para mirarte cósmica,
en la voz socavada de mi ruido de siglos derrumbándose.

Te quiero
(grito de noche blanca...)
en el insomnio reflexivo
de donde ha vuelto en pájaros mi espíritu.

Te quiero...
Mi amor se escapa leve de expresiones y rutas,
y va rompiendo sombras y alcanzando tu imagen
desde el punto inocente donde soy yerba y trino.


16. Arde en tus ojos. Autor: Antonio Machado

Antonio Machado no fue un poeta propiamente del amor, sin embargo, este poema es de esos pocos momentos donde él dedica su intención creadora. En el poema, un amante muestra su pasión y ansiedad ante lo misterioso que se torna el amor.


Arde en tus ojos un misterio, virgen
esquiva y compañera.
No sé si es odio o es amor la lumbre
inagotable de tu aliaba negra.

Conmigo irás mientras proyecte sombra
mi cuerpo y quede a mi sandalia arena.
-¿Eres la sed o el agua en mi camino?-
Dime, virgen esquiva y compañera.


17. Amor. Autor: Miguel James

Para este poeta el amor tiene un sabor a promesa. Es una imagen del futuro que se abre hacia adelante. Convoca los mejores augurios, orienta el sentido de la vida.


Tú vendrás desnuda con los brazos abiertos
Yo apoyaré sobre tus pechos mi cabeza
Tú dirás las palabras que espero
Yo cantaré dulces endechas
Tú prometerás mares y valles y cumbres de montañas
Yo seré el padre de tus hijos
Tú brillarás como el relámpago
Yo me haré estrella
Tú serás mi novia, más linda que todas las novias
Yo cantaré canciones de Jorge Ben
Tú tendrás cabellos largos
Yo trenzaré los míos
Tú querrás una casa en el campo
Yo construiré una cabaña junto al río
Tú te vestirás a veces con todos los colores del Iris
Yo te amaré siempre
Tú querrás flores
Yo un caballo, una guitarra
Y no trabajaremos nunca, nunca, nunca.


18. A XXX dedicándole estas poesías. Autor: José de Espronceda

En este poema se plasman las angustias de cualquier amante en su sufrimiento por el ser amado, muestra, la desesperanza que crece con el momento.


Marchitas ya las juveniles flores,
nublado el sol de la esperanza mía,
hora tras hora cuento y mi agonía
crecen y mi ansiedad y mis dolores.

Sobre terso cristal ricos colores
pinta alegre tal vez mi fantasía,
cuando la triste realidad sombría
mancha el cristal y empaña sus fulgores.

Los ojos vuelvo en su incesante anhelo,
y gira en torno indiferente el mundo,
y en torno gira indiferente el cielo.

A ti las quejas de mi mal profundo,
hermosa sin ventura, yo te envío:
mis versos son tu corazón y el mío


19. Hay ojos que sueñan. Autor: Miguel de Unamuno

Teresa es la amada, su amante ve en sus ojos un signo único que actúa sobre él como un hechizo, como un rayo creador de vida.


Hay ojos que miran, -hay ojos que sueñan,
hay ojos que llaman, -hay ojos que esperan,
hay ojos que ríen -risa placentera,
hay ojos que lloran -con llanto de pena,
unos hacia adentro -otros hacia fuera.

Son como las flores -que cría la tierra.
Mas tus ojos verdes, -mi eterna Teresa,
los que están haciendo -tu mano de hierba,
me miran, me sueñan, -me llaman, me esperan,
me ríen rientes -risa placentera,
me lloran llorosos -con llanto de pena,
desde tierra adentro, -desde tierra afuera.

En tus ojos nazco, -tus ojos me crean,
vivo yo en tus ojos -el sol de mi esfera,
en tus ojos muero, -mi casa y vereda,
tus ojos mi tumba, -tus ojos mi tierra.


20. Lo que necesito de ti. Autor: Mario Benedetti

Un amante sufre en la necesidad del otro. Vive ansioso, expectante. Desea la voz, la imagen, la palabra de su ser amado para no desfallecer. Para el amante, la ausencia de su ser amado es como la muerte.


No sabes como necesito tu voz;
necesito tus miradas
aquellas palabras que siempre me llenaban,
necesito tu paz interior;
necesito la luz de tus labios
!!! Ya no puedo... seguir así !!!
...Ya... No puedo
mi mente no quiere pensar
no puede pensar nada más que en ti.
Necesito la flor de tus manos
aquella paciencia de todos tus actos
con aquella justicia que me inspiras
para lo que siempre fue mi espina
mi fuente de vida se ha secado
con la fuerza del olvido...
me estoy quemando;
aquello que necesito ya lo he encontrado
pero aun !!! Te sigo extrañando!!!


21. ¡Qué risueño contacto…! Autor: Jaime Sabines

El amante se sumerge completamente en las sensaciones que en él produce el ser amado. La imaginación representa un recurso que prende la llama entre ambos.


¡Qué risueño contacto el de tus ojos,
ligeros como palomas asustadas a la orilla
del agua!
¡Qué rápido contacto el de tus ojos
con mi mirada!

¿Quién eres tú? ¡Qué importa!
A pesar de ti misma,
hay en tus ojos una breve palabra
enigmática.

No quiero saberla. Me gustas
mirándome de lado, escondida, asustada.
Así puedo pensar que huyes de algo,
de mí o de ti, de nada,
de esas tentaciones que dicen que persiguen
a la mujer casada.


22. Dos cuerpos. Autor: Octavio Paz

Hay dos cuerpos amantes. Todas las posibilidades están: la entrega, el encuentro, el desencuentro, la separación. Octavio Paz nos acerca el misterio creciente entre dos amantes a través de palabras de su más profunda inspiración.


Dos cuerpos frente a frente
son a veces dos olas
y la noche es océano.

Dos cuerpos frente a frente
son a veces dos piedras
y la noche desierto.

Dos cuerpos frente a frente
son a veces raíces
en la noche enlazadas.

Dos cuerpos frente a frente
son a veces navajas
y la noche relámpago.

Dos cuerpos frente a frente
son dos astros que caen
en un cielo vacío.


23. Amor constante más allá de la muerte. Autor: Francisco de Quevedo

Para este poeta el amor trasciende las fronteras de la muerte y así lo demuestra en el siguiente poema corto.


Cerrar podrá mis ojos la postrera
Sombra que me llevare el blanco día,
Y podrá desatar esta alma mía
Hora, a su afán ansioso lisonjera;

Mas no de esotra parte en la ribera
Dejará la memoria, en donde ardía:
Nadar sabe mi llama el agua fría,
Y perder el respeto a ley severa.

Alma, a quien todo un Dios prisión ha sido,
Venas, que humor a tanto fuego han dado,
Médulas, que han gloriosamente ardido,

Su cuerpo dejará, no su cuidado;
Serán ceniza, mas tendrá sentido;
Polvo serán, mas polvo enamorado.


24. Nos desnudamos. Autor Fabio Morábito

El erotismo está completamente ligado al amor. Y es en ese instante íntimo de los amantes, el momento propicio para mostrarse por entero, abrir el alma y construir un nuevo signo de amor. Este poema hace parte del Cuarteto de Pompeya.


Nos desnudamos tanto
hasta perder el sexo
debajo de la cama,
nos desnudamos tanto
que las moscas juraban
que habíamos muerto.

Te desnudé por dentro,
te desquicié tan hondo
que se extravió mi orgasmo.
Nos desnudamos tanto
que olíamos a quemado,
que cien veces la lava
volvió para escondernos.


25. Días y noches te he buscado. Autor: Vicente Huidobro

Lamentablemente el amor a veces se escribe entre lágrimas, pero las lágrimas compartidas son bálsamo que alivia y que sana heridas.


Días y noches te he buscado
Sin encontrar el sitio en donde cantas
Te he buscado por el tiempo arriba y por el río abajo
Te has perdido entre las lágrimas
Noches y noches te he buscado
Sin encontrar el sitio en donde lloras
Porque yo sé que estás llorando
Me basta con mirarme en un espejo
Para saber que estás llorando y me has llorado
Sólo tú salvas el llanto
Y de mendigo oscuro
Lo haces rey coronado por tu mano.


26. Esclava mía. Autor: Pablo Neruda

Pablo Neruda invoca a través de este poema a la esclava y suplica su amor. Al hacerlo, muestra la dialéctica entre el amo y el esclavo, en el cual resulta ser el amo el verdadero dependiente y dominado. Un amor verdadero invierte los términos o, mejor aún, los anula.


Esclava mía, témeme. Ámame. Esclava mía!
Soy contigo el ocaso más vasto de mi cielo,
y en él despunta mi alma como una estrella fría.
Cuando de ti se alejan vuelven a mí mis pasos.
Mi propio latigazo cae sobre mi vida.
Eres lo que está dentro de mí y está lejano.
Huyendo como un coro de nieblas perseguidas.
Junto a mí, pero dónde? Lejos, lo que está lejos.
Y lo que estando lejos bajo mis pies camina.
El eco de la voz más allá del silencio.
Y lo que en mi alma crece como el musgo en las ruinas.


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