Síndrome del Procusto, la tendencia a despreciar a la persona que sobresale

El síndrome del Procusto puede generar un ambiente de tensión laboral. Aprende a identificarlo y aprovecha las oportunidades que ofrecen las personas brillantes.

Ilustración de Procusto acomodando a una persona de gran tamaño en una pequeña cama.

Lee muy bien la siguiente frase:

Si encuentras a alguien con más talento que tú, contrátale y págale más de lo que tú cobras.

Sin embargo, cuando encontramos una persona con cualidades brillantes, optamos por no reconocer su plusvalía. Incluso, algunas de estas personas brillantes nos llevan a tener sentimientos de miedo a la superación e incluso la envidia.

Una persona sabia, estaría orgullosa de contar con semejante perfil profesional dentro de su equipo de trabajo, pero en la mayoría de los casos, esto supone una amenaza ¿Por qué?

Ilustración de una mujer oficinista que al parecer no está de acuerdo con las ideas de dos compañeros de trabajo.
Imagen. Pixabay

Puede ser, porque quienes dirigen la empresa o los mandos medios tienden a evitar lo que debería ser su responsabilidad: tomar buenas decisiones para la empresa. Su miedo, hace que invaliden las ideas de las mentes brillantes y se esfuerzan en poner trabas a las iniciativas, aportes, ideas y sugerencias de estas personas.

El síndrome del Procusto tiene su origen en la mitología griega

Según el mito, Procusto ofrecía posada al viajero solitario, lo invitaba a dormir en una cama de hierro y mientras dormía, lo amordazaba y ataba a las cuatro esquinas del lecho. Si la víctima era más grande que la cama, cerraba las partes del cuerpo que la traspasaban, bien fueran los pies, las manos o la cabeza. Si la persona era más bajita, la descoyuntaba hasta estirarla.

Casualmente, nadie coincidía con el tamaño exacto de la cama, pues Procusto tenía dos: una muy larga y otra excesivamente corta, así, nadie encajaba en las medidas correctas.

Una vez, Procusto se topó con Teseo, quién lo retó a comprobar si su cuerpo encajaba en el tamaño de la cama y le dio un poco de su propia medicina.

Entonces, este mito promueve la uniformidad, obliga a las personas a encajar en nuestros patrones y ser intolerante con la diferencia. Cuando alguien desea que todo se ajuste a lo que él o ella piensa, lo que quiere es que todos se acuesten en el lecho de Procusto.

Ilustración de un hombre haciendo una exposición a tres personas.
Imagen. Pixabay

El síndrome del Procusto afecta a las personas conscientes e inconscientes

Esta actitud puede afectar en todos los ámbitos de la vida (Laboral, social, político, personal…) y este síndrome se sufre de formas: consciente e inconsciente.

En el caso de las personas que son conscientes, la raíz del problema proviene del pasado, y suele ser un miedo de que alguien ocupe su lugar, que alguien les haga sombra y que les reconozcan capacidades que estas personas no poseen.

En el caso de las personas inconscientes, tiene que ver con la adaptación a un modelo autoritario y cualquier cosa que salga de él se considera como una falta de respeto o inadecuado. Sus ideas siempre son las correctas y el resto de personas deberán adaptarse a estas aunque vayan directo al fracaso. Es curioso, porque la mayoría de estas personas suelen presumir sobre tolerancia, pero en realidad suelen ser las más intolerantes.

Conclusión

Tener un Procusto en el entorno laboral, supone un problema de tensión y estrés, porque a menudo frenan la evolución y eficacia de los equipos de trabajo generando un malestar. Además, exigen unos niveles de perfección que, ni esas mismas personas pueden alcanzar.

Fuente: Neurita

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