Ítaca: el poema de Constantino Cavafis para aprender a disfrutar el camino de la vida

El poema Ítaca del poeta griego Constantino Cavafis, nos ilustra sobre la importancia de disfrutar el camino en vez de enfocarnos en la meta.

Retrato del poeta Constantino Cavafis. Ítaca poema, kavafis.
Retrato del poeta Constantino Cavafis

Ítaca, la legendaria isla griega, hogar de Odiseo, Penélope y Telémaco es el lugar metafórico de este poema que nos habla sobre el propósito de la vida.

Por esto, Ítaca la podemos observar en cualquier cosa: puede ser el proceso para lograr un objetivo o meta, podría representar ese camino lleno de desafíos para recuperar lo que se nos ha perdido o simplemente el acto de transitar por la vida para finalmente volver al origen.

El poema Ítaca está dirigido a ese Odiseo que tenemos dentro, es ese camino del héroe que transitamos durante nuestra vida llena de aventuras y desafíos. Es un poema que nos regala un consejo simple pero que frecuentemente pasamos por obvio: disfrutar el camino.

En una vida de responsabilidades y prisas, es común olvidar el camino y sumergirnos en la ignorancia de no disfrutarlo. Ítaca “no tiene ya nada que darte”, por eso es mejor llegar ahí, después de vivir aventuras y experiencias.

Constantino Cavafis (1863 -  1933) a través de su poema Ítaca, nos invita a la calma y nos asegura que los peligros solo surgirán si los llevas dentro, si tu alma los pone frente a ti. También, nos recuerda que en varias ocasiones son nuestros demonios los que se interponen en el proceso de alcanzar lo que deseamos.

Este pequeño consejo contenido dentro del poema de Cavafis, tiene enormes implicaciones ontológicas, podría llevarse a procesos sencillos y cotidianos de nuestra vida con resultados sorprendentes; una práctica que incluso puede relacionarse con la meditación profunda, con el hecho de mantener nuestra mente en el tiempo presente. En pocas palabras: toda una filosofía de vida.

Ten siempre a Ítaca en la mente, llegar es tu destino y nunca apresures tu viaje. Aconseja Cavafis.

En otras palabras, no olvides tu meta, pero disfruta el camino

Ítaca

Cuando emprendas tu viaje a Ítaca
pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.
No temas a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al colérico Poseidón,
seres tales jamás hallarás en tu camino,
si tu pensar es elevado, si selecta
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.
Ni a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al salvaje Poseidón encontrarás,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no los yergue tu alma ante ti.

Pide que el camino sea largo.
Que muchas sean las mañanas de verano
en que llegues -¡con qué placer y alegría!-
a puertos nunca vistos antes.
Detente en los emporios de Fenicia
y hazte con hermosas mercancías,
nácar y coral, ámbar y ébano
y toda suerte de perfumes sensuales,
cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas.
Ve a muchas ciudades egipcias
a aprender, a aprender de sus sabios.

Ten siempre a Ítaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años
y atracar, viejo ya, en la isla,
enriquecido de cuanto ganaste en el camino
sin aguantar a que Ítaca te enriquezca.

Ítaca te brindó tan hermoso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino.
Pero no tiene ya nada que darte.

Aunque la halles pobre, Ítaca no te ha engañado.
Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,
entenderás ya qué significan las Ítacas.

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