¿Por qué es tan difícil pedir disculpas?

Pedir disculpas es difícil para los seres humanos. Existen 3 factores que se cruzan en el camino al perdón y la reconciliación con el otro.

Fotografía: Lee Jeffries. Fotografía a Blanco y negro. Retrato de una persona en postura de oración o perdón.
Fotografía: Lee Jeffries.

Generalmente, para los seres humanos el proceso de pedir disculpas cuesta y en algunos casos, mucho.

A veces cuesta tanto, que ponemos en marcha toda clase de estrategias para evitarlo. Utilizamos estrategias como: explicar lo ocurrido, quitar importancia a lo sucedido, hacer bromas con ello, poner excusas para no asumir la responsabilidad, evitar hablar del tema o simplemente hacer como si no hubiese ocurrido nada.

Sin embargo, estas estrategias no facilitan el perdón que tienen las disculpas y algunos motivos se interponen en el camino de asumir con plena responsabilidad los actos y disculparse.

Motivos por los que es difícil asumir responsabilidades de los actos

El primero, apunta a una pérdida de autoestima, como se ha de reconocer que con el propio comportamiento se hizo daño. Se cree que la imagen propia va a ver un poco cuestionada.

Si la valoración sobre el comportamiento llevado a cabo es negativa, puede aparecer la culpa. En caso de que esa valoración se refiera a la persona completamente, es decir, como etiqueta general, aparecerá la vergüenza.

De ahí parte el hecho de evitar pedir disculpas y ser consciente del daño, pues estas emociones son de difícil manejo y evitamos pedir disculpas para no sentirlas.

El segundo motivo, tiene que ver con el ego, pues se percibe que se pierde poder o estatus. Hay personas que sienten esto como humillante, el hecho de “agachar la cabeza” y admitirlo todo.

El orgullo, impide hacerse cargo del dolor ajeno causado y esto indica un excesivo apego a una imagen sobrevalorada de uno mismo. Esta es una emoción autoconsciente junto con la culpa y la vergüenza.

El tercer motivo es el miedo a que se pida una compensación costosa, que uno siente que no puede o no quiere ofrecer. Quizá sea un mero temor, ya que no siempre la persona ofendida solicita algún tipo de compensación; la mayoría, buscan que comprendan su dolor, que exista un arrepentimiento sincero y buenos propósitos.

El pedir disculpas con plena sinceridad es importante para que llegue el perdón de la persona ofendida. La sinceridad se percibe en mayor medida cuando la disculpa es espontánea y es menor cuando se obtiene un beneficio por ello (penitenciario, por ejemplo).

Fotografía: Lee Jeffries. Fotografía a Blanco y negro. Retrato de una persona en postura de oración o perdón.
Fotografía: Lee Jeffries

El orgullo, la culpa y el narcisismo

Al tomar conciencia del daño ¿De qué depende que aparezca la emoción de la culpa, de la vergüenza o bien del orgullo?

Una razón, teniendo en cuenta otras posibles, es el nivel de narcisismo existente en la personalidad del individuo. Quienes tengan un nivel de narcisismo más bajo tenderán más a la culpa. Al contrario, los que tengan niveles mayores, tienden a la vergüenza u orgullo.

El orgullo es sano cuando nos permite la propia valoración de lo que somos capaces de construir, de las acciones y experiencias, de los logros propios, así como los logros y acciones de las demás personas.

El orgullo es problemático cuando mueve a la persona a la soberbia, la cual hace valorarse así misma por encima de las demás. Es una fuente de bloqueo, tanto en las ideas, como en la empatía con las demás personas.

La persona con alto nivel de narcisismo suele resistirse a tomar conciencia del daño al otro y se aferra al orgullo. Con ello, salvaguarda su imagen ante sí, pero crea un gran malestar a la persona ofendida. Sin embargo, la resistencia cede a la existencia de evidencias; ahí aparecerá la vergüenza y con ella el intenso malestar.

Según el nivel de culpa, vergüenza y de orgullo, dependerá que las disculpas alcancen a la persona ofendida o bien, que se posibilite el perdón.

Cualquier persona es mucho más grande que sus comportamientos, entonces, apegarse a la idea de que "todo lo hago mal" o "soy malo, soy un desastre" resulta una falacia.

Además, evitar esos pensamientos sobre uno mismo, ayuda a mantenerse en el mismo plano que las demás personas, sabiendo que es igual de digno de valoración al otro y cuidando la conexión empática, lo que permitirá unas relaciones saludables.

Fuente

Artículo de Inés Serrano Fernández, profesora, colaboradora y doctora del Departamento de Psicología de la Universidad CEU San Pablo, Madrid.

Artículo original tomado de Theconversation.com

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