Virginia Woolf creció entre hombres y rodeada de un ambiente intelectual. En su casa, el arte y la política eran protagonistas, y se respiraba un liberalismo que era complejo al mismo tiempo. A pesar de esto, no pudo estudiar en la Universidad; ya que según las costumbres, las mujeres debían quedarse en casa para cuidar de su padre y su educación se daba a través de un tutor.
La escritora tuvo una juventud tormentosa. A parte de la muerte repentina de su madre el cinco de mayo de 1895 a causa de una fiebre reumática y de la muerte de su hermana Stella dos años después, tuvo que soportar abusos sexuales por parte de sus dos hermanastros(Hijos de su madre). Esto hizo que la escritora desconfiara completamente de los hombres y desarrollara una visión romántica sobre las mujeres.
Sus crisis depresivas iniciaron a los trece años tras la muerte de su madre y antes de haber cumplido sus 23 años Virginia ya se había intentado quitar la vida. No lo consiguió, pero a raíz de su fuerte crisis nerviosa tuvo que ser ingresada a un lugar de reposo por un tiempo.
Su padre falleció de cáncer y tras su muerte, Virginia se desplazó para Bloomsbury, al oeste de Londres con su hermana Vanessa y sus dos hermanos Adriany Thoby.
Ese sitio era distinguido por ser un punto de encuentro para un grupo elitista de intelectuales británicos; por ahí pasaron personalidades como T. S. Eliot, los filósofos Bertrand Russell y Ludwig Wittgenstein, el economista John Maynard Keynes y la líder del movimiento sufragista Emmeline Pankhurst. Todas estas personas formaron el grupo conocido como “Círculo de Bloomsbury”.
De repente, las reuniones que se llevaban a cabo en esa casa abrieron las ventanas al mundo para Virginia y de ahí, maduró ideas sobre la igualdad, la aceptación de la homosexualidad y la bisexualidad, el amor por el arte, el pacifismo, el ecologismo y por supuesto el feminismo.
Los nazis pretendían invadir Gran Bretaña a través de la operación León Marino, el cual, también iba tras la búsqueda de distinguidas personas de la época (incluida Virginia) para asesinarlas.
Virginia ignoraba que estuviese en la lista creada por Hitler, pero en caso de que la invasión fuera inminente, ella y su esposo sabían que irían por ellos, pues su compañero sentimental también era judío.
Ambos tenían el plan de terminar con su vida en caso tal de sentirse completamente acorralados por los nazis. El plan era aspirar los gases derivados de la combustión de su vehículo en su garaje y si la situación se tornaba más compleja aún, la idea era ingerir una dosis letal de morfina que su esposo guardaba bajo llave.
Se sabe que Virginia Woolf sufrió un trastorno bipolar con unas recaídas depresivas severas. Las recaídas más graves de su vida ocurrieron durante los años 1913 y 1915, y el nueve de septiembre de 1913 Virginia intentó de nuevo quitarse la vida ingiriendo cien gramos de veronal.
Los personajes de sus obras eran un reflejo de la persona que era la autora, describía seres depresivos y escepticos donde la idea del suicidio y el miedo a la gente eran ideas recurrentes. Virginia fue muy autocrítica y mantenía un constante sentimiento de culpa; le aterraba la soledad, además, sufría de insomnio y de terribles dolores de cabeza.
A través de sus obras, se puede observar el estado mental de la autora. Fruto de sus crisis, las palabras e ideas fluían como el viento de invierno, demostrando así su ansiedad y delirio. En los primeros brotes de su enfermedad, Virginia afirmó que había escuchado cantar a los pájaros en idioma griego, esta escena la reprodujo luego en sus obras La señora Dalloway y Los años.
Sus médicos le sugerían constantemente que dejara la escritura, pues le atribuían a esa actividad sus constantes problemas de salud. En su diario, ella definía como “la ola” y “el horror” a muchas de sus recaídas que ocurrían durante las fuertes temporadas de escritura. A pesar de esto, no paró de escribir, aunque sí tuvo algunos períodos de inactividad.
El 28 de marzo de 1941, no aguantó la desesperación, se puso su abrigo, llenó los bolsillos de piedras, dejó su bastón y se adentró al río Ouse, y así, se dejó llevar por la corriente para terminar con su existencia. Pero antes, dejó dos cartas, una para su hermana Vanessa y otra para su esposo, Leonard Woolf, sus dos personas más importantes de la vida.
Su obra Fin de Viaje fue una narración premonitoria a su muerte. En la carta de despedida a Leonard no solo se describe su duro padecimiento, tristeza y dolor, sino también su amor y la gratitud que tenía hacia él.
Su cuerpo fue encontrado tres semanas después y su esposo hizo incinerar sus restos para esparcirlos como cenizas en el jardín de La Casa del Monje (Monk’s House), su hogar.
Adeline Virginia Stephen, nació el 25 de enero en Londres y murió el 28 de marzo de 1941.
Su padre, sir Leslie Stephen, fue novelista, historiador, ensayista y biógrafo. Su madre Julia Stephen, nació en la India y en su juventud se mudó con su madre hacia Inglaterra, allí trabajó de modelo para los pintores Prerrafaelitas. El padre y madre de Virgina ya habían estado casados antes y habían enviudado.
Virginia no fue a la escuela, pero recibió clases de profesores particulares y de sus padres. Las relaciones sociales de su padre hizo que la escritora creciera en un entorno bajo fuertes influencias de la sociedad literaria.
Esta novela toca muchos temas, pero los más destacados son el feminismo y la locura. Es una breve historia de la sociedad entreguerras, donde se critican la represión económica y sexual de las mujeres, y la manera en que se da tratamiento a la locura y depresión.
Esta obra es un hito del modernismo. El texto se centra en la familia Ramsay y sus visitas a la isla de Skye en Escocia entre 1910 y 1920, manipula el tiempo y la exploración psicológica.
En esta obra de tipo biográfica se tocan temas tabú para la época como el homosexualismo y la libertad sexual por parte de las mujeres. Además, del rol de la mujer en la sociedad y como creadora literaria.
Este ensayo está inspirado en una serie de conferencias que dictó la autora en octubre de 1928 en el Newnham College y el Girton College. Es un texto feminista y su argumento está basado en un espacio literal y ficticio para mujeres dentro de una tradición literaria dominada solo por hombres.
El ensayo Una habitación propia fue redescubierto en la década de los años 70, pues fue uno de los textos más citados durante el movimiento feminista.
Este libro explora conceptos de individualidad, el yo y la comunidad de seis amigos. Cada personaje es distinto, pero juntos conforman una conciencia central silenciosa.
Sería una lástima terrible que las mujeres escribieran como los hombres, o vivieran como los hombres, o se parecieran físicamente a los hombres, porque dos sexos son ya pocos, dada la vastedad y variedad del mundo; ¿Cómo nos las arreglaríamos, pues, con uno solo? ¿No debería la educación buscar y fortalecer más bien las diferencias que no los puntos de semejanza?