Aristóteles fue médico en su juventud, pero a sus treinta años decidió radicarse en Atenas para estudiar filosofía con el maestro Platón.
Su pensamiento no se enfocó a repetir lo aprendido a través de su maestro y por eso, su pensamiento fue único y reconocido como la “Filosofía aristotélica”.
Su ética era implacable y al día de hoy sigue siendo una excelente guía para tomar un camino medio en la vida.
En estos últimos tiempos el mundo ha experimentado un brote de literatura y todo tipo de contenido sobre superación y autoayuda personal. Han surgido “gurús” que afirman que conocen los secretos de la felicidad, el éxito, e incluso el camino a la iluminación; pero en verdad, muchos de ellos solo recrean, cambian el nombre o traducen conceptos ya existentes de otros maestros, y al hacerlo, los diluyen y banalizan.
El agua de un río es más pura entre más cerca esté de su fuente. Por eso, te recomendamos que antes de tomar las enseñanzas de un gurú de esta época, familiarízate primero en comprender lo que otros maestros del pasado nos han dejado, por lo menos para reconocer las palabras de un aparente innovador.
Eudaimonía, fue un término utilizado por Aristóteles para referirse a tener una vida buena, feliz y, sobre todo, con significado. No es una felicidad hedonista; es una que está en armonía con el entorno, con la humanidad, con el universo e incluso con lo divino.
Estas once virtudes aristotélicas enseñan un camino medio. Estas virtudes pueden ser comparadas también con la forma de vida que invita el budismo.
Punto de equilibrio entre ser cobarde y temerario.
Punto de equilibrio entre la sobreindulgencia y la insensibilidad.
Es un justo equilibrio entre ser tacaño y ser generoso en exceso de forma irresponsable.
Esta es una virtud de vivir con abundancia. Está en medio del recato y la vulgaridad. Aristóteles se mostraba en contra de la mortificación ascética, pero tampoco gustaba de lo ostentoso.
Es la justa regulación del orgullo y se encuentra en medio de la falsa modestia y el delirio de grandeza. Esta virtud aristotélica Sirve también para desarrollar la confianza en sí mismo y la autoestima.
Esta virtud aristotélica controla el temperamento y ayuda que las personas no seamos víctimas de los excesos emocionales. Pero se debe tener especial cuidado de no caer en la pasividad. Según el pensador, hay momentos que merecen el enojo.
En esta virtud se encuentra entre el vicio de la mentira y el vicio de no tener tacto para saber cuándo es mejor no hablar.
Estado medio entre la bufonería y el aburrimiento.
Esta es una de las virtudes aristotélicas más importante. Para el pensador filosófico, la amistad representaba una parte central en la vida del ser humano. A pesar de esto, recomienda no ser demasiado amistoso para evitar dedicarnos a otras cosas menos importantes.
En la actualidad, la vergüenza está devaluada, pero puede ser una gran virtud moral; no en un sentido de sentir vergüenza por lo que somos o por hacer lo que hacemos, sino, en el sentido de sentir verdadera pena y arrepentimiento por nuestros errores.
Es un punto medio entre ser miedosos y ser demasiado osados.
Esta virtud de equidad yace entre el egoísmo y el amor propio.
Te invitamos a conocer a fondo a Aristóteles y su pensamiento filosófico
Vía Big Think.