20 poemas característicos del romanticismo

Te compartimos un listado de poemas del romanticismo donde destacamos autores como Bécquer, Lord Byron, Rosalía de Castro, Espronceda y entre muchos más.

20 poemas característicos del romanticismo

La poes√≠a es un g√©nero literario que ha permitido expresar los sentimientos y aspectos m√°s profundos de nuestro ser. Ha existido desde la antig√ľedad y permite ilustrarnos a trav√©s de las letras nuestra visi√≥n del mundo, nuestras emociones, pensamientos, sue√Īos y principalmente nuestros sentimientos.

Este género literario posee un gran abanico de posibilidades, quizá una de las más conocidas es el romanticismo, el cual, se enfoca en la emoción y en la percepción más allá de la razón.

Entre los autores más reconocidos de este movimiento se caracterizan Bécquer, Espronceda, Larra, Rosalía de Castro, Lord Byron, Edgar Allan Poe o Keats. Quiénes nos han dado obras románticas que colocan los pelos de punta.

Poemas del romanticismo

La despedida (Johann Wolfgang Von Goethe)

“¡Deja que adiós te diga con los ojos, ya que a decirlo niéganse mis labios! ¡La despedida es una cosa seria aun para un hombre, como yo, templado! Triste en el trance se nos hace, incluso del amor la más dulce y tierna prueba; frío se me antoja el beso de tu boca, floja tu mano, que la mía estrecha.

¬°La caricia m√°s leve, en otro tiempo furtiva y volandera, me encantaba! Era algo as√≠ cual la precoz violeta, que en marzo en los jardines arrancaba. Ya no m√°s cortar√© fragantes rosas para con ellas coronar tu frente. Frances, es primavera, pero oto√Īo para m√≠, por desgracia, ser√° siempre‚ÄĚ

Filosofía del amor (Percy Bysshe Shelley)

‚ÄúLas fuentes se mezclan con el r√≠o, y los r√≠os con el oc√©ano; los vientos del cielo se mezclan para siempre, con una dulce emoci√≥n; Nada en el mundo es √ļnico, todas las cosas por ley divina se completan unas a otras: ¬ŅPor qu√© no deber√≠a hacerlo contigo?

Mira, las monta√Īas besan el alto cielo, y las olas se acarician en la costa; Ninguna flor ser√≠a hermosa si desde√Īa a sus hermanos: y la luz del sol ama la tierra, y los reflejos de la luna besan los mares: ¬ŅDe qu√© vale todo este amor, si t√ļ no me besas?‚ÄĚ

A la estrella nocturna (William Blake)

‚Äú¬°T√ļ, √°ngel rubio de la noche, ahora, mientras el sol descansa en las monta√Īas, enciende tu brillante tea de amor! ¬°Ponte la radiante corona y sonr√≠e a nuestro lecho nocturno!

Sonr√≠e a nuestros amores y, mientras corres los azules cortinajes del cielo, siembra tu roc√≠o plateado sobre todas las flores que cierran sus dulces ojos al oportuno sue√Īo. Que tu viento occidental duerma en el lago. Di el silencio con el fulgor de tus ojos y lava el polvo con plata.

Presto, prest√≠simo, te retiras; y entonces ladra, rabioso, por doquier el lobo y el le√≥n echa fuego por los ojos en la oscura selva. La lana de nuestras majadas se cubre con tu sacro roc√≠o; prot√©gelas con tu favor‚ÄĚ

Cuando cifras y figuras… (Georg Philipp Friedrich von Hardenberg)

‚ÄúCuando cifras y figuras dejen de ser las claves de toda criatura, cuando aquellos que al cantar o besarse sepan m√°s que los sabios m√°s profundos, cuando vuelva al mundo la libertad de nuevo, vuelva el mundo a ser mundo otra vez, cuando al fin las luces y las sombras se fundan y juntas se conviertan en claridad perfecta, cuando en versos y en cuentos est√©n los verdaderos relatos del mundo, entonces una sola palabra secreta desterrar√° las discordancias de la Tierra entera‚ÄĚ

Tus ojos (Jorge Isaacs)

‚ÄúSon mi ley vuestros antojos e Infierno vuestros rigores, ojos negros so√Īadores m√°s queridos que mis ojos. Ojos que me promet√©is, cuando me mir√°is vencido, lo que jam√°s es cumplido, ¬Ņperder mi amor no tem√©is? So√Ī√© que os encontrar√≠a y os hall√© para perderos, ojos que neg√°is severos lo que implora el alma m√≠a.

Bajo sus luengas pesta√Īas vuestra luz sorprend√≠ en vano, ¬°Bellas noches de verano de mis nativas monta√Īas! Ojos que me promet√©is, cuando me mir√°is vencido, lo que jam√°s es cumplido, ¬ŅPerder mi amor no tem√©is?‚ÄĚ

Acuérdate de mí (Lord Byron)

“Llora en silencio mi alma solitaria, excepto cuando esté mi corazón unido al tuyo en celestial alianza de mutuo suspirar y mutuo amor. Es la llama de mi alma cual aurora, brillando en el recinto sepulcral: casi extinta, invisible, pero eterna… ni la muerte la puede mancillar.

¬°Acu√©rdate de m√≠!‚Ķ Cerca de mi tumba no pases, no, sin regalarme tu plegaria; para mi alma no habr√° mayor tortura que el saber que has olvidado mi dolor. Oye mi √ļltima voz. No es un delito rogar por los que fueron. Yo jam√°s te ped√≠ nada: al expirar te exijo que sobre mi tumba derrames tus l√°grimas.‚ÄĚ

¡La encontré! (Johann Wolfgang Von Goethe)

“Era en un bosque: absorto pensaba andaba sin saber ni qué cosa por él buscaba. Vi una flor a la sombra. luciente y bella, cual dos ojos azules, cual blanca estrella.

Voy a arrancarla, y dulce diciendo la hallo: ¬ę¬ŅPara verme marchita rompes mi tallo?¬Ľ Cav√© en torno y t√≥mela con cepa y todo, y en mi casa la puse del mismo modo.All√≠ volv√≠ a plantarla quieta y solita, y florece y no teme, verse marchita‚ÄĚ

Annabelle Lee (Edgar Allan Poe)

‚ÄúFue hace ya muchos, muchos a√Īos, en un reino junto al mar, habitaba una doncella a quien tal vez conozcan por el nombre de Annabel Lee; y esta dama viv√≠a sin otro deseo que el de amarme, y de ser amada por m√≠.

Yo era un ni√Īo, y ella una ni√Īa en aquel reino junto al mar; Nos amamos con una pasi√≥n m√°s grande que el amor, Yo y mi Annabel Lee; con tal ternura, que los alados serafines lloraban rencor desde las alturas.

Y por esta razón, hace mucho, mucho tiempo, en aquel reino junto al mar, un viento sopló de una nube, helando a mi hermosa Annabel Lee; sombríos ancestros llegaron de pronto, y la arrastraron muy lejos de mi, hasta encerrarla en un oscuro sepulcro, en aquel reino junto al mar.

Los ángeles, a medias felices en el Cielo, nos envidiaron, a Ella a mí. Sí, esa fue la razón (como los hombres saben, en aquel reino junto al mar), de que el viento soplase desde las nocturnas nubes, helando y matando a mi Annabel Lee.

Pero nuestro amor era m√°s fuerte, m√°s intenso que el de todos nuestros ancestros, m√°s grande que el de todos los sabios. Y ning√ļn √°ngel en su b√≥veda celeste, ning√ļn demonio debajo del oc√©ano, podr√° jam√°s separar mi alma de mi hermosa Annabel Lee. Pues la luna nunca brilla sin traerme el sue√Īo de mi bella compa√Īera. Y las estrellas nunca se elevan sin evocar sus radiantes ojos. A√ļn hoy, cuando en la noche danza la marea, me acuesto junto a mi querida, a mi amada; a mi vida y mi adorada, en su sepulcro junto a las olas, en su tumba junto al rugiente mar.‚ÄĚ

Rima LIII (Gustavo Adolfo Bécquer)

“Volverán las oscuras golondrinas en tu balcón sus nidos a colgar, y otra vez con el ala a sus cristales jugando llamarán. Pero aquellas que el vuelo refrenaban tu hermosura y mi dicha a contemplar, aquellas que aprendieron nuestros nombres...¡esas... no volverán!.

Volver√°n las tupidas madreselvas de tu jard√≠n las tapias a escalar, y otra vez a la tarde a√ļn m√°s hermosas sus flores se abrir√°n. Pero aquellas, cuajadas de roc√≠o cuyas gotas mir√°bamos temblar y caer como l√°grimas del d√≠a‚Ķ ¬°esas... no volver√°n!

Volver√°n del amor en tus o√≠dos las palabras ardientes a sonar; tu coraz√≥n de su profundo sue√Īo tal vez despertar√°. Pero mudo y absorto y de rodillas como se adora a Dios ante su altar, como yo te he querido...; deseng√°√Īate, ¬°as√≠... no te querr√°n!‚ÄĚ

Rima XIII (Gustavo Adolfo Bécquer)

‚ÄúTu pupila es azul y cuando r√≠es su claridad suave me recuerda el tr√©mulo fulgor de la ma√Īana que en el mar se refleja.

Tu pupila es azul y cuando lloras las trasparentes lágrimas en ella se me figuran gotas de rocío sobre una violeta.

Tu pupila es azul y si en su fondo como un punto de luz radia una idea me parece en el cielo de la tarde una perdida estrella.‚ÄĚ

Rima IV (Gustavo Adolfo Bécquer)

“No digáis que, agotado su tesoro, de asuntos falta, enmudeció la lira; podrá no haber poetas; pero siempre habrá poesía. Mientras las ondas de la luz al beso palpiten encendidas, mientras el sol las desgarradas nubes de fuego y oro vista, mientras el aire en su regazo lleve perfumes y armonías,mientras haya en el mundo primavera, ¡habrá poesía!

Mientras la ciencia a descubrir no alcance las fuentes de la vida, y en el mar o en el cielo haya un abismo que al cálculo resista, mientras la humanidad siempre avanzando no sepa a dó camina, mientras haya un misterio para el hombre, ¡habrá poesía!

Mientras se sienta que se ríe el alma, sin que los labios rían; mientras se llore, sin que el llanto acuda a nublar la pupila; mientras el corazón y la cabeza batallando prosigan, mientras haya esperanzas y recuerdos, ¡habrá poesía!

Mientras haya unos ojos que reflejen los ojos que los miran, mientras responda el labio suspirando al labio que suspira, mientras sentirse puedan en un beso dos almas confundidas,mientras exista una mujer hermosa, ¬°habr√° poes√≠a!‚ÄĚ

Oda a la inmortalidad (William Wordsworth)

“Aunque el resplandor que en otro tiempo fue tan brillante hoy esté por siempre oculto a mis miradas. Aunque mis ojos ya no puedan ver ese puro destello que en mi juventud me deslumbraba. Aunque nada pueda hacer volver la hora del esplendor en la yerba, de la gloria en las flores, no debemos afligirnos porqué la belleza subsiste siempre en el recuerdo… En aquella primera simpatía que habiendo sido una vez, habrá de ser por siempre en los consoladores pensamientos que brotaron del humano sufrimiento, y en la fe que mira a través de la muerte.

Gracias al coraz√≥n humano, por el cual vivimos, gracias a sus ternuras, a sus alegr√≠as y a sus temores, la flor m√°s humilde al florecer, puede inspirarme ideas que, a menudo se muestran demasiado profundas para las l√°grimas.‚ÄĚ

Negra sombra (Rosalía de Castro)

“Cuando pienso que te huyes, negra sombra que me asombras, al pie de mis cabezales, tornas haciéndome mofa. Si imagino que te has ido, en el mismo sol te asomas, y eres la estrella que brilla, y eres el viento que sopla.

Si cantan, t√ļ eres quien cantas, si lloran, t√ļ eres quien llora, y eres murmullo del r√≠o y eres la noche y la aurora. En todo est√°s y eres todo, para m√≠ en m√≠ misma moras, nunca me abandonar√°s, sombra que siempre me asombras.‚ÄĚ

Quien no ama no vive (Víctor Hugo)

‚ÄúQuienquiera que fueres, √≥yeme: si con √°vidas miradas nunca t√ļ a la luz del v√©spero has seguido las pisadas, el andar suave y r√≠tmico de una celeste visi√≥n; O tal vez un velo c√°ndido, cual meteoro esplendente, que pasa, y en sombras f√ļnebres oc√ļltase de repente, dejando de luz pur√≠sima un rastro en el coraz√≥n;

Si s√≥lo porque en im√°genes te la revel√≥ el poeta, la dicha conoces √≠ntima, la felicidad secreta, del que √°rbitro se alza √ļnico de otro enamorado ser; Del que m√°s nocturnas l√°mparas no ve, ni otros soles claros, ni lleva en revuelto pi√©lago m√°s luz de estrellas ni faros que aquella que vierten m√°gica los ojos de una mujer;

Si el fin de sarao espl√©ndido nunca t√ļ aguardaste afuera, embozado, mudo, t√©trico mientras en la alta vidriera reflejos se cruzan p√°lidos del voluptuoso vaiv√©n), Para ver si como r√°faga luminosa a la salida, con un sonre√≠r ben√©volo te vuelve esperanza y vida joven beldad de ojos l√°nguidos, orlada en flores la sien. Si celoso t√ļ y col√©rico no has visto una blanca mano usurpada, en fiesta p√ļblica, por la de gal√°n profano, y el seno que adoras, pr√≥ximo a otro pecho, palpitar; Ni has devorado los √≠mpetus de reconcentrada ira, rodar viendo el valse imp√ļdico que deshoja, mientras gira en vertiginoso c√≠rculo, flores y ni√Īas al par;

Si con la luz del crep√ļsculo no has bajado las colinas, henchida sintiendo el √°nima de emociones mil divinas, ni a lo largo de los √°lamos grato el pasear te fue; Si en tanto que en la alta b√≥veda un astro y otro relumbra, dos corazones simp√°ticos no gozasteis la penumbra, hablando palabras m√≠sticas, baja la voz, tardo el pie; Si nunca al roce magn√©tico temblaste de √°ngel so√Īado; si nunca un Te amo dulc√≠simo, t√≠midamente exhalado, qued√≥ sonando en tu esp√≠ritu cual perenne vibraci√≥n; Si no has mirado con l√°stima al hombre sediento de oro, para el que en vano mun√≠fico brinda el amor su tesoro, y de regio cetro y p√ļrpura no tuviste compasi√≥n;

Si en medio de noche l√≥brega cuando todo duerme y calla, y ella goza sue√Īo pl√°cido, contigo mismo en batalla no te desataste en l√°grimas con un despecho infantil; Si enloquecido o son√°mbulo no la has llamado mil veces, quiz√° mezclando fren√©tico las blasfemias a las preces, tambi√©n a la muerte, m√≠sero, invocando veces mil; Si una mirada ben√©fica no has sentido que desciende a tu seno, como s√ļbito lampo que las sombras hiende y ver nos hace beat√≠fica regi√≥n de serena luz; O tal vez el ce√Īo g√©lido sufriendo de la que adoras, no desfalleciste ex√°nime, misterios de amor ignoras; ni t√ļ has probado sus √©xtasis, ni t√ļ has llevado su cruz.‚ÄĚ

Estrella brillante (John Keats)

Estrella brillante, si fuera constante como t√ļ, no en solitario esplendor colgada de lo alto de la noche y mirando, con eternos p√°rpados abiertos, como de naturaleza paciente, un insomne eremita, las m√≥viles aguas en su religiosa tarea, de pura abluci√≥n alrededor de tierra de humanas riberas, o de contemplaci√≥n de las monta√Īas y p√°ramos.

No, a√ļn todav√≠a constante, todav√≠a inamovible, recostado sobre el maduro coraz√≥n de mi bello amor, para sentir para siempre su suave henchirse y caer, despierto por siempre en una dulce inquietud. Silencioso, silencioso para escuchar su tierno respirar, y as√≠ vivir por siempre o sino, desvanecerme en la muerte.‚ÄĚ

Oda al ruise√Īor (John Keats)

‚ÄúMe duele el coraz√≥n y aqueja un so√Īoliento torpor a mis sentidos, cual si hubiera bebido cicuta o apurado alg√ļn fuerte narc√≥tico ahora mismo, y me hundiese en el Leteo: no porque sienta envidia de tu sino feliz, sino por excesiva ventura en tu ventura, t√ļ que, Dr√≠ada alada de los √°rboles, en alguna mara√Īa melodiosa de los verdes hayales y las sombras sin cuento,a plena voz le cantas al est√≠o.

¬°Oh! ¬°Qui√©n me diera un sorbo de vino, largo tiempo refrescado en la tierra profunda, sabiendo a Flora y a los campos verdes, a danza y canci√≥n provenzal y a soleada alegr√≠a! ¬°Qui√©n un vaso me diera del Sur c√°lido, colmado de hipocr√°s rosado y verdadero, con bullir en su borde de enlazadas burbujas y mi boca de p√ļrpura te√Īida; beber y, sin ser visto, abandonar el mundo y perderme contigo en las sombras del bosque!

A lo lejos perderme, disiparme, olvidar lo que entre ramas no supiste nunca:

la fatiga, la fiebre y el enojo de donde, uno a otro, los hombres, en su gemir, se escuchan, y sacude el temblor postreras canas tristes; donde la juventud, flaca y pálida, muere; donde, sólo al pensar, nos llenan la tristeza y esas desesperanzas con párpados de plomo; donde sus ojos claros no guarda la hermosura sin que, ya al otro día, los nuble un amor nuevo.

¡Perderme lejos, lejos! Pues volaré contigo, no en el carro de Baco y con sus leopardos,

sino en las invisibles alas de la Poesía, aunque la mente obtusa vacile y se detenga. ¡Contigo ya! Tierna es la noche y tal vez en su trono esté la Luna Reina y, en torno, aquel enjambre de estrellas, de sus Hadas; pero aquí no hay más luces que las que exhala el cielo con sus brisas, por ramas sombrías y senderos serpenteantes, musgosos.

Entre sombras escucho; y si yo tantas veces casi me enamor√© de la apacible Muerte y le di dulces nombres en versos pensativos, para que se llevara por los aires mi aliento tranquilo; m√°s que nunca morir parece amable, extinguirse sin pena, a medianoche, en tanto t√ļ derramas toda el alma en ese arrobamiento.

Cantar√≠as a√ļn, mas ya no te oir√≠a: para tu canto f√ļnebre ser√≠a tierra y hierba. Pero t√ļ no naciste para la muerte, ¬°oh, p√°jaro inmortal! No habr√° gentes hambrientas que te humillen; la voz que oigo esta noche pasajera, fue o√≠da por el emperador, anta√Īo, y por el r√ļstico; tal vez el mismo canto lleg√≥ al coraz√≥n triste de Ruth, cuando, sintiendo nostalgia de su tierra, por las extra√Īas mieses se detuvo, llorando; el mismo que hechizara a menudo los m√°gicos ventanales, abiertos sobre espumas de mares azarosos, en tierras de hadas y de olvido. ¬°De olvido! Esa palabra, como campana, dobla y me aleja de ti, hacia mis soledades.

¬°Adi√≥s! La fantas√≠a no alucina tan bien como la fama reza, elfo de enga√Īo.¬°Adi√≥s, adi√≥s! Doliente, ya tu himno se apaga m√°s all√° de esos prados, sobre el callado arroyo, por encima del monte, y luego se sepulta entre avenidas del vecino valle. ¬ŅEra visi√≥n o sue√Īo? Se fue ya aquella m√ļsica. ¬ŅEstoy despierto? ¬ŅEstoy dormido?‚ÄĚ

Una vez tuve un clavo (Rosalía de Castro)

“Una vez tuve un clavo clavado en el corazón, y yo no me acuerdo ya si era aquel clavo de oro, de hierro o de amor.

S√≥lo s√© que me hizo un mal tan hondo, que tanto me atorment√≥, que yo d√≠a y noche sin cesar lloraba cual llor√≥ Magdalena en la Pasi√≥n. ‚ÄúSe√Īor, que todo lo puedes ‚ÄĒpedile una vez a Dios‚ÄĒ, dame valor para arrancar de un golpe clavo de tal condici√≥n.‚ÄĚ Y di√≥melo Dios, arranquelo.

Pero... ¬Ņqui√©n pensara?... Despu√©s ¬†ya no sent√≠ m√°s tormentos ni supe qu√© era dolor; ¬†supe s√≥lo que no s√© qu√© me faltaba en donde el clavo falt√≥, ¬†y tal vez... tal vez tuve soledades de aquella pena... ¬°Buen Dios! ¬†Este barro mortal que envuelve el esp√≠ritu, ¬†¬°qui√©n lo entender√°, Se√Īor!...‚ÄĚ

Canción del pirata (José de Espronceda)

‚ÄúCon diez ca√Īones por banda, viento en popa a toda vela, no corta el mar, sino vuela un velero bergant√≠n; bajel pirata que llaman, por su bravura, el Temido, en todo mar conocido del uno al otro conf√≠n.

La luna en el mar riela,en la lona gime el viento y alza en blando movimiento olas de plata y azul; y va el capitán pirata, cantando alegre en la popa, Asia a un lado, al otro Europa, y allá a su frente Estambul; “Navega velero mío, sin temor, que ni enemigo navío,ni tormenta, ni bonanza, tu rumbo a torcer alcanza, ni a sujetar tu valor.

Veinte presas hemos hecho a despecho, del ingl√©s, y han rendido sus pendones, cien naciones a mis pies. Que es mi barco mi tesoro, que es mi dios la libertad, mi ley, la fuerza y el viento, mi √ļnica patria la mar.

All√° muevan feroz guerra ciegos reyes por un palmo m√°s de tierra, que yo tengo aqu√≠ por m√≠o cuanto abarca el mar brav√≠o, a quien nadie impuso leyes. Y no hay playa sea cualquiera, ni bandera de esplendor, que no sienta mi derecho y d√© pecho a mi valor. Que es mi barco mi tesoro, que es mi dios la libertad, mi ley, la fuerza y el viento, mi √ļnica patria la mar.

A la voz de ¬°barco viene! es de ver c√≥mo vira y se previene a todo trapo a escapar: que yo soy el rey del mar, y mi furia es de temer. En las presas yo divido lo cogido por igual: s√≥lo quiero por riqueza la belleza sin rival. Que es mi barco mi tesoro, que es mi dios la libertad, mi ley, la fuerza y el viento, mi √ļnica patria la mar.

¬°Sentenciado estoy a muerte!;yo me r√≠o; no me abandone la suerte, y al mismo que me condena, colgar√© de alguna entena quiz√° en su propio nav√≠o. Y si caigo ¬Ņqu√© es la vida? Por perdida ya la di, cuando el yugo de un esclavo como un bravo sacud√≠. Que es mi barco mi tesoro, que es mi dios la libertad, mi ley, la fuerza y el viento, mi √ļnica patria la mar.

Son mi m√ļsica mejor aquilones, el estr√©pito y temblor de los cables sacudidos, del negro mar los bramidos y el rugir de mis ca√Īones. Y del trueno al son violento, y del viento al rebramar, yo me duermo sosegado arrullado por el mar. Que es mi barco mi tesoro,que es mi dios la libertad, mi ley, la fuerza y el viento, mi √ļnica patria la mar‚ÄĚ.

Fresca, lozana, pura y olorosa (José de Espronceda)

“Fresca, lozana, pura y olorosa, gala y adorno del pensil florido, gallarda puesta sobre el ramo erguido, fragancia esparce la naciente rosa. Mas si el ardiente sol lumbre enojosa vibra del can en llamas encendido, el dulce aroma y el color perdido, sus hojas lleva el aura presurosa.

As√≠ brill√≥ un momento mi vena en alas del amor, y hermosa nube fing√≠ tal vez de gloria y de alegr√≠a. Mas ¬°ay! que el bien troc√≥se en amargura, y deshojada por los aires sube la dulce flor de la esperanza m√≠a.‚ÄĚ

El prisionero (Aleksandr Pushkin)

‚ÄúEstoy entre rejas en h√ļmeda celda. Criada en cautiverio, un √°guila joven, mi triste compa√Īa, batiendo sus alas, junto a la ventana su pitanza pica. La pica, la arroja, mira la ventana, como si pensara lo mismo que yo.

Sus ojos me llaman y su griter√≠o, y proferir quiere: ¬°Alcemos el vuelo! ¬°T√ļ y yo somos libres como el viento, hermana! Huyamos, es hora, do blanquea entre nubes la monta√Īa y brilla de azul la marina, donde paseemos s√≥lo el viento. ..¬°y yo!‚ÄĚ