Carl Sagan: la causa de la miseria humana

En este texto Carl Sagan expresa los motivos de la miseria humana en la economía moderna.

Carl Sagan: la causa de la miseria humana

Carl Sagan es quizá una de las mentes más brillantes que han existido en la historia de la humanidad. A parte de ser un científico, fue un pensador que buscó compartir desde todos los medios posibles, conocimiento de forma accesible y entendible para toda la humanidad.

Con sus innumerables textos, Carl Sagan demostró que era un adelantado para su época, y como evidencia, presentamos el siguiente texto donde expresa la manera en que la economía moderna es actualmente dominada por unos pocos.

En este extracto, afirma que la manufactura pasa a un segundo plano y la base de la sociedad no tendr√° la posibilidad de establecer sus propias prioridades o cuestionar con criterio a quienes ejercen la autoridad.

Pero tambi√©n, manifiesta una preocupaci√≥n referente al decadente contenido de los medios de comunicaci√≥n que hace est√ļpida a la gente, y c√≥mo a trav√©s de la pseudociencia y la superstici√≥n buscan manipular a las masas y generar terror.

Texto de Carl Sagan, publicado en su libro "El mundo y sus demonios"

La ciencia es m√°s que un cuerpo de conocimiento, es una manera de pensar. Preveo c√≥mo ser√° la Am√©rica de la √©poca de mis hijos o nietos: Estados Unidos ser√° una econom√≠a de servicio e informaci√≥n; casi todas las industrias manufactureras clave se habr√°n desplazado a otros pa√≠ses; los temibles poderes tecnol√≥gicos estar√°n en manos de unos pocos y nadie que represente el inter√©s p√ļblico se podr√° acercar siquiera a los asuntos importantes; la gente habr√° perdido la capacidad de establecer sus prioridades o de cuestionar con conocimiento a los que ejercen la autoridad; nosotros, aferrados a nuestros cristales y consultando nerviosos nuestros hor√≥scopos, con las facultades cr√≠ticas en declive, incapaces de discernir entre lo que nos hace sentir bien y lo que es cierto, nos iremos deslizando, casi sin darnos cuenta, en la superstici√≥n y la oscuridad.

La ca√≠da en la estupidez de Estados Unidos se hace evidente principalmente en la lenta decadencia del contenido de los medios de comunicaci√≥n, de enorme influencia, las cu√Īas de sonido de treinta segundos (ahora reducidas a diez o menos), ¬†programaci√≥n de nivel √≠nfimo, las cr√©dulas presentaciones de pseudociencia y superstici√≥n, pero sobre todo en una especie de celebraci√≥n de la ignorancia. En estos momentos, la pel√≠cula en v√≠deo que m√°s se alquila en Estados Unidos es Dumb and Dumber. Beavis y Butthead siguen siendo populares (e influyentes) entre los j√≥venes espectadores de televisi√≥n. La moraleja m√°s clara es que el estudio y el conocimiento ‚ÄĒno s√≥lo de la ciencia, sino de cualquier cosa‚ÄĒ son prescindibles, incluso indeseables.

Hemos preparado una civilizaci√≥n global en la que los elementos m√°s cruciales ‚ÄĒel transporte, las comunicaciones y todas las dem√°s industrias; la agricultura, la medicina, la educaci√≥n, el ocio, la protecci√≥n del medio ambiente, e incluso la instituci√≥n democr√°tica clave de las elecciones‚ÄĒ dependen profundamente de la ciencia y la tecnolog√≠a. Tambi√©n hemos dispuesto las cosas de modo que nadie entienda la ciencia y la tecnolog√≠a. Eso es una garant√≠a de desastre.

Podr√≠amos seguir as√≠ una temporada pero, antes o despu√©s, esta mezcla combustible de ignorancia y poder nos explotar√° en la cara. Una vela en la oscuridad es el t√≠tulo de un libro valiente, con importante base b√≠blica, de Thomas Ady, publicado en Londres en 1656, que ataca la caza de brujas que se realizaba entonces como una patra√Īa ¬ępara enga√Īar a la gente¬Ľ. Cualquier enfermedad o tormenta, cualquier cosa fuera de lo ordinario, se atribu√≠a popularmente a la brujer√≠a. Las brujas deben existir: Ady citaba el argumento de los ¬ętraficantes de brujas¬Ľ: ¬ę¬Ņc√≥mo si no existir√≠an, o llegar√≠an a ocurrir esas cosas?¬Ľ Durante gran parte de nuestra historia ten√≠amos tanto miedo del mundo exterior, con sus peligros impredecibles, que nos abraz√°bamos con alegr√≠a a cualquier cosa que prometiera mitigar o explicar el terror.

La ciencia es un intento, en gran medida logrado, de entender el mundo, de conseguir un control de las cosas, de alcanzar el dominio de nosotros mismos, de dirigirnos hacia un camino seguro. La microbiolog√≠a y la meteorolog√≠a explican ahora lo que hace s√≥lo unos siglos se consideraba causa suficiente para quemar a una mujer en la hoguera. Ady tambi√©n advert√≠a del peligro de que ¬ęlas naciones perezcan por falta de conocimiento¬Ľ.

La causa de la miseria humana evitable no suele ser tanto la estupidez como la ignorancia, particularmente la ignorancia de nosotros mismos. Me preocupa, especialmente ahora que se acerca el fin del milenio, que la pseudociencia y la superstici√≥n se hagan m√°s tentadoras de a√Īo en a√Īo, el canto de sirena m√°s sonoro y atractivo de la insensatez. ¬ŅD√≥nde hemos o√≠do eso antes?

Siempre que afloran los prejuicios √©tnicos o nacionales, en tiempos de escasez, cuando se desaf√≠a a la autoestima o vigor nacional, cuando sufrimos por nuestro insignificante papel y significado c√≥smico o cuando hierve el fanatismo a nuestro alrededor, los h√°bitos de pensamiento familiares de √©pocas antiguas toman el control. La llama de la vela parpadea. Tiembla su peque√Īa fuente de luz. Aumenta la oscuridad. Los demonios empiezan a agitarse.